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1 de noviembre de 2014

EL CAMINO DE LA SANTIDAD



SANTA TERESITA, MAESTRA DE SANTIDAD

«Siempre he sentido el deseo de llegar a ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, veo que entre ellos y yo existe la misma diferencia que hay entre las altas montañas cuya cima está más allá de las nubes y el grano de arena pisoteado por los transeúntes. En lugar de desalentarme pienso: Dios nuestro Señor no inspira deseos irrealizables.»

«Entonces pensé: Dios nuestro Señor no inspira deseos irrealizables; puedo, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad. ¿Qué hacer? Crecer me es imposible; debo resignarme a ser tal cual soy, con mis innumerables imperfecciones, pero quiero encontrar el medio de ir al cielo, por un camino muy recto, muy corto, un camino enteramente nuevo. Estamos en el siglo de los inventos; ya no hay que tomarse el trabajo de subir los peldaños de una escalera: un ascensor los reemplaza con ventaja. ¡Yo quisiera encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús!, pues soy demasiado pequeña para subir la empinada cuesta de la perfección.»

«Entonces abrí la Escritura Sagrada, esperando encontrar en ella la solución que necesitaba; y leí estas palabras de la Sabiduría: Si alguno es muy pequeño, que venga a Mí (Prov. 9, 4 y 16). Me acerqué, pues, a Él, presintiendo que había descubierto lo que buscaba. Deseando saber qué hará el Señor con el alma pequeña que a Él se acerque, me encontré con estas consoladoras palabras: Como una madre acaricia a su hijo, así yo os consolaré, os llevaré en mi regazo y os meceré sobre mis rodillas (Is. 66, 13). ¡Ah, jamás he escuchado palabras tan tiernas y conmovedoras! ¡Vuestros brazos, oh Jesús, son el ascensor que debe llevarme al Cielo! Para esto no tengo necesidad de crecer; al contrario, he de procurar ser más pequeña cada día»

«Es usted como un niño pequeño que empieza a tenerse en pie y aún no sabe andar. Quiere llegar a lo alto de una escalera para encontrarse con su madre, y levanta su piececito intentando subir el primer peldaño. En vano; cae y recae sin poder adelantar. Pues bien, sea usted como ese niño. En la práctica de las virtudes levante su pie para subir la escalera de la santidad, pero no se crea capaz de llegar ni al primer peldaño. Dios nuestro Señor no pide más que su buena voluntad. Desde lo alto de esa escala, Él la mira con amor; vencido por la inutilidad de sus esfuerzos, no tardará Él en bajar y tomándole en sus brazos la llevará para siempre a su reino.»

29 de octubre de 2014

EL SACRIFICIO DE LA MISA


EL SACRIFICIO DE LA MISA.

¿Es la Santa Misa un sacrificio?

La Santa Misa es un verdadero sacrificio. Es una verdad de fe definida por el magisterio de la Iglesia:En la última Cena, la noche que era entregado, para dejar a su esposa amada la Iglesia un sacrificio visible, como exige la naturaleza de los hombres, por el que representara aquel suyo sangriento que había una sola vez de consumarse en la cruz, y su memoria permaneciera hasta el fin de los siglos, y su eficacia saludable se aplicara para la remisión de los pecados que diariamente cometemos… Jesús ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y vino, y bajo los símbolos de esas mismas cosas los entregó, para que los tomaran, a sus Apóstoles, a quienes entonces constituía sacerdotes del Nuevo Testamento, al mismo tiempo que les intimaba la orden, tanto a ellos como a sus sucesores en el sacerdocio, de que renovasen la oblación 26.
Ya hemos citado la definición de la Misa del Catecismo de San Pío X: La Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del sacrificio de la Cruz. (…) El Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo de la Cruz (…)27.
El Papa Pío XII, en su magistral encíclica Mediator Dei del 20 de noviembre de 1947, precisa las palabras de su predecesor: El Augusto Sacrificio del altar no es, pues, una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino que es un Sacrificio propio y verdadero, por el que el Sumo Sacerdote, mediante su inmolación incruenta, hace nuevamente lo que hizo en la Cruz, ofreciéndose al Padre como víctima por el ministerio del sacerdote (nº 67; de ahora en adelante, cuando citemos esta encíclica, sólo indicaremos el número).
A la luz de estas enseñanzas, podemos establecer un compendio de la doctrina católica sobre el Santo Sacrificio del altar. Comprenderla bien es de mucha importancia para el resto de nuestro estudio.

¿Qué es la Santa Misa?

A. En la Santa Misa, Jesús hace nuevamente la oblación que hizo de Sí mismo en la Cruz. El Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo que el Sacrificio de la Cruz, -representa- el Sacrificio  sangriento que se consumó en la Cruz; en los altares, Jesús hace nuevamente lo que hizo en la Cruz, ofreciéndose al Padre como víctima. ¿Para qué esta nueva oblación? ¿Por qué razones quiso Jesús instituir el Sacrificio del Altar?
Además de la necesidad natural que tiene el hombre de manifestar su dependencia para con Dios por medio del sacrificio, son dos las principales razones de la institución del Sacrificio de la Misa por el Salvador:
- Perpetuar el recuerdo de nuestra Redención. Se puede decir que, sin la Misa, el recuerdo del Sacrificio de Cristo en el Calvario se hubiera perdido. El Redentor quiso que el hombre jamás pu- diera  olvidarse de que así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquél que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna28. La Misa es el gran memorial de la Pasión.
- Aplicarnos diariamente la salvación merecida por Jesucristo sobre la Cruz. Es el aspecto más esencial del Sacrificio de la Misa, que vamos a detallar en el párrafo siguiente.
B. Destinatario y fines de la Santa Misa. Siendo un sacrificio propio y verdadero, la Santa Misa se dirige necesariamente a Dios. Alcanza perfectamente los cuatro fines del sacrificio:
- La adoración: El (fin) primero es la glorificación del Padre Celestial. Desde su nacimiento hasta su muerte, Jesucristo ardió en el celo de la gloria divina; y desde la Cruz, la inmolación de su Sangre subió al cielo en olor de suavidad. Y para que este himno jamás termine, los miembros se unen en el Sacrificio Eucarístico a su Cabeza divina, y con Él, con los Ángeles y Arcángeles, cantan a Dios alabanzas perennes, dando al Padre Omnipotente todo honor y gloria (Mediator Dei, nº 70).
La acción de gracias: El segundo fin es dar gracias a Dios. El Divino Redentor, como Hijo predilecto del Eterno Padre, cuyo inmenso amor conocía, pudo dedicarle un digno himno de acción de gracias. Esto es lo que  pretendió y deseó,  dando gracias en la última Cena, y no cesó de hacerlo en la Cruz, ni cesa jamás en el augusto Sacrificio del Altar, que precisamente significa acción de gracias o acción eucarística (nº 71).
El pedido: El hombre, hijo pródigo, ha malgastado y disipado todos los bienes recibidos del Padre Celestial, y así se ve reducido a la mayor miseria y degradación; pero desde la Cruz, Jesucristo ofreciendo plegarías y súplicas con potente clamor y lágrimas… fue escuchado en vista de su actitud reverente. De igual manera en los sagrados altares ejerce la misma eficaz mediación, a fin de que seamos colmados de toda clase de gracias y bendiciones (nº 73).
La expiación, propiciación y reconciliación: Nadie, en realidad, sino Cristo, podía ofrecer a Dios Omnipotente una satisfacción adecuada por los pecados de la humanidad. Por eso quiso Él inmolarse en la Cruz, víctima de propiciación por nuestros pecados, y no tan sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Asimismo se ofrece todos los días sobre los altares por nuestra redención, para que, libres de la condenación eterna, seamos acogidos en la grey de los elegidos. Y esto no solamente para nosotros, los que vivimos aún en esta vida mortal, sino también para todos los que descansan en Cristo (nº 72). Detallemos un poco más este aspecto del Sacrificio del Altar.
C. La Santa Misa aplica diariamente los méritos de Jesús durante su Pasión. El Viernes Santo, elevado entre el cielo y la tierra, (Jesús) ofreció su vida en sacrificio para salvarnos, y de su pecho atravesado hizo brotar en cierto modo los Sacramentos que distribuyen a las almas los tesoros de la Redención (nº 18). El augusto Sacrificio del Altar es un insigne instrumento para distribuir a los creyentes los méritos que brotan de la Cruz del Divino Redentor (nº 78). Mediante este sacrificio, se nos aplica la eficacia saludable de la Cruz, para remisión de nuestros pecados cotidianos (nº 74).
Con Santo Tomás de Aquino, la Iglesia siempre creyó que en este sacramento se recuerda la Pasión de Cristo en cuanto que su efecto se comunica a los fieles 29. Por este sacramento nos hacemos partícipes de los frutos de la Pasión del Señor 30. Por eso en una oración secreta dominical se dice: Siempre que se celebra la memoria de esta víctima, se consigue el fruto de nuestra redención 31. Para resumir, se puede decir que el sacrificio de la Cruz lo merece todo y no aplica nada; el Sacrificio de la Misa no merece nada sino que lo aplica todo.
D. Objeción protestante: Si se necesita la Misa para aplicarnos los méritos de la Pasión de Cristo, entonces ¿habrá que decir que el Sacrificio de la Cruz fue imperfecto? ¡Blasfema abominable! –dice Lutero–, que contradice a San Pablo cuando afirma la perfección del Sacrificio del Calvario. Escuchemos a Pío XII responder al heresiarca: El Apóstol de los Gentiles, al proclamar la superabundante plenitud y perfección del Sacrificio de la Cruz, declara que Cristo, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que ha santificado32. En efecto, los méritos de este Sacrificio, como infinitos e inmensos que son, no tienen límites, y se extienden a todos los hombres en cualquier lugar y tiempo, porque en él el Sacerdote y la Víctima es el Dios Hombre (…) Sin embargo (…) es menester que Cristo, después de haber rescatado al mundo al precio valiosísimo de Sí mismo, entre en la posesión real y efectiva de las almas. De aquí que, para que se lleve a cabo y sea grata a Dios la redención y salvación de todos los individuos y de las generaciones venideras hasta el fin de los siglos, es de necesidad absoluta que entren todos en contacto vital con el Sacrificio de la Cruz y así les sean transmitidos los méritos que de él se derivan. Se puede decir que Cristo ha construido en el Calvario una piscina de expiación y salvación que elevó con la Sangre por Él derramada; pero si los hombres no se sumergen en sus aguas y no lavan en ellas las manchas de sus culpas, no pueden ser purificados ni salvados (nº 75). Lejos de disminuir la dignidad del Sacrificio cruento, hace resaltar, como afirma el Concilio de Trento, su grandeza y pregona su necesidad. Al ser renovado cada día, nos advierte que no hay salvación fuera de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo (nº 78).
E. Quien ofrece el Sacrificio de la Misa es el mismo Jesús, por el ministerio del sacerdote. Entre el sacrificio del Calvario y el Sacrificio de la Misa idéntico, pues, es el Sacerdote, Jesucristo, cuya sagrada Persona es representada por su ministro. Éste, en virtud de la consagración sacerdotal que ha recibido, se asemeja al Sumo Sacerdote, y tiene el poder de obrar en virtud y en la persona del mismo Cristo 33; por eso, con su acción sacerdotal, en cierto modo, presta a Cristo su lengua y le ofrece su mano (nº 68). En la Misa el sacerdote es el instrumento que el Salvador utiliza para renovar su propio sacrificio.
F. La acción sacrificial. Consiste en una inmolación incruenta con la que Jesús ofrece su Cuerpo y su Sangreen memoria de su Sacrificio en la Cruz, el Viernes Santo. Dicha inmolación es incruenta a causa del estado actual de inmortalidad de Jesús, presente realmente bajo las sagradas especies. La consagración separada del pan y del vino significa la separación del cuerpo y de la sangre de Jesús el Viernes Santo. Es importante recordar que Jesús se ofrece real y actualmente en cada Misa. Lo hace de dos maneras:
- Comunicando a su ministro la virtud de operar la transubstanciación, que convierte la sustancia del pan en su Cuerpo y la del vino en su Sangre.
- Ofreciéndose actualmente desde la gloria del cielo, como lo recuerda el Papa Pío XI en la encíclica Quas Primas: Cristo, como Sacerdote, se ofreció y sigue ofreciéndose diariamente como víctima por nuestros pecados.
G. Cuál es la víctima: el mismo Jesús, presente realmente, por transubstanciación, bajo las especies del pan y del vino. Entre el Sacrificio de la Cruz y el del altar, idéntica es la víctima, es a saber, el Redentor Divino, según su naturaleza humana y en la verdad de su Cuerpo y su Sangre (nº 69). Durante la Santa Misa, por el ministerio del sacerdote, Jesús se hace realmente presente, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Esta presencia real, y no solamente simbólica o espiritual, se opera por transubstanciación: cuando el sacerdote pronuncia las palabras consagratorias, toda la sustancia del pan se convierte en el Cuerpo de Jesús, y toda la sustancia del vino se convierte en su Sangre, de manera que después de la consagración sólo subsisten los accidentes del pan y vino: gusto, color, olor, apariencias, etc.
H. Diferencias entre el Sacrificio de la Cruz y el del altar: El Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo que el Sacrificio de la Cruz: el mismo sacerdote (Jesús) ofrece la misma Víctima (el mismo Jesús) al Padre eterno por los mismos fines de adoración, acción de gracias, pedido y expiación. Sólo difieren en 3 aspectos:
En cuanto al modo de oblación: El Viernes Santo, la oblación fue cruenta, con efusión de sangre; en la Misa la oblación es incruenta.
En cuanto al ministro: Durante la Pasión, Jesús se ofreció personalmente, sin intermediario ni instrumento. En la Misa, actúa y se ofrece por el ministerio del Sacerdote.
En cuanto al fruto del Sacrificio: La oblación de Jesús durante la Pasión mereció todas las gracias de salvación para todos los hombres de todas las épocas. El Sacrificio de la Misa aplica a cada alma en particular el tesoro de méritos de la Pasión.
R. P. Jean-Michel Gomis
NOTAS:
26 Concilio de Trento, Ses. XXII, cap. 1º.
27 Catecismo Mayor de San Pío X, pregunta nº 655-656.
28 Jn. 3, 16.
29 IIIª c.83 a.2 ad 1um.
30 IIIª c.83 a.1.
31 Secreta del IXº Domingo después de Pentecostés.
32 Heb. 10, 14.
33 IIIa, c. 22, art. 4.

28 de octubre de 2014

"POPULUS SUMMORUM PONTÍFICUM"

SANTA MISA PONTIFICAL EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO
OFICIADA POR EL CARDENAL BURKE CON MOTIVO DE LA
PEREGRINACIÓN INTERNACIONAL "POPULUS SUMMORUM PONTÍFICUM"


Procesión de entrada


Oraciones al pie del Altar


Introito


Oración Colecta


Lectura de la Epístola


Santo Evangelio


Homilía del Cardenal Burke


Ofertorio



Elevación de la Sagrada Hostia


Post-Comunión


Procesión hacia la Sacristía


"POPULUS SUMMORUM PONTIFICUM"


PEREGRINACIÓN "POPULUS SUMMORUM PONTIFICUM"
PROCESIÓN POR LAS CALLES DE ROMA HACIA LA BASÍLICA
DE SAN PEDRO DONDE SU EMINENCIA EL CARDENAL BURKE
OFICIÓ LA SANTA MISA PONTIFICAL


Los clérigos Touche y Quinquis portan los ciriales.
El clérigo Cottard porta la Cruz.


Los clérigos Gubitoso y Parra (diáconos) asisten al Padre Barthe sosteniéndole la capa pluvial.



26 de octubre de 2014

¡VIVA CRISTO REY!


ALFA Y OMEGA

CRISTO REY, AUTOR Y FIN DE LA CREACIÓN

En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Todas las cosas han sido hechas por Él y nada de lo que existe ha sido hecho sin Él[1].
Pero si es principio del universo, el Verbo es también su fin.
“Nada tiene esto de extraño escribe Dom Delatte[2]. La primera causa eficiente es también la última causa final; la armonía de las cosas quiere que el Alfa sea el Omega, principio y fin, y que todo se termine y vuelva finalmente a su primer principio. ¿Cómo no había de ser el heredero y el término de los siglos Aquél por quien los siglos comenzaron?”
Ya desde el segundo versículo de su Epístola a los Hebreos, San Pablo lo enseña vigorosamente. “Los términos son de una rigurosa precisión; nunca se ha hablado de este modo: es el mismo Hijo de Dios quien ha hecho los siglos y en quien los siglos terminan como en el heredero de su obra común: en verdad han trabajado, y trabajan, para Él…”[3] “y que todas las cosas se acaben en Él, que en Él encuentren su término y su consumación, proviene de que el Padre le ha instituido heredero de todas las personas y cosas. Filiación y herencia van juntas: la una es consecuencia de la otra. Pero esta concepción de la herencia no quiere tan sólo decir que las almas y los pueblos son suyos; significa igualmente que toda la historia se orienta hacia Él, que es el término de la creación, pero también de la historia, que los sucesos se encaminan hacia Él, que es el heredero del largo esfuerzo de los siglos, y que todos han trabajado para Él.
”¿Acaso Sócrates, Platón y Aristóteles no han pensado para Él? ¿Es que la Iglesia no ha venido, a su hora, para recoger como bien suyo, como una riqueza preparada por Dios para ella, todo el fruto de la inteligencia antigua? ¿Para quién sino para la Iglesia, han hablado la ley y los profetas, la religión judía se ha desarrollado, las escuelas socráticas han discutido, la escuela de Alejandría balbuceado su ‘logos’, los pueblos se han mezclado, los judíos han sido puestos en contacto sucesivamente con todas las grandes monarquías, el Imperio Romano adquirió su poderosa estructura?
”El Señor es el heredero de todo; a Él, primero en el pensamiento de Dios, se han ordenado todas las obras de Dios”[4].
Esto es lo normal, lo prudente. Porque un querer perfectamente ordenado quiere, desde el comienzo, el Fin[5]. El orden consiste, pues, en que todo el universo gravite hacia el Verbo como hacia su término.
Y el Verbo, es Jesucristo nuestro Señor.
*
Dios quiere primero su gloria.
“Dios quiere crear porque quiere su glorificación fuera de sí mismo. Y queriendo su glorificación exterior, Él quiere, en primer lugar y principalmente, lo que, en la historia actual de la humanidad es el primero y universal medio de procurarla: la encarnación redentora, obra de Cristo, cumplida con la cooperación de su Madre. Así Jesús y María son principalmente queridos por Dios como aquellos de quienes dependen todas sus otras obras… Tienen sobre la creación entera la preeminencia y una verdadera realeza…”[6].
“Frecuentemente se representa al Creador en la obra de los seis días, trabajando en función del hombre… Esto es cierto. Pero el primer hombre y la primera mujer para quienes prepara estas maravillas no son Adán y Eva, son Jesucristo y María.
”En la historia del mundo, Adán y Eva están bajo la dependencia de Jesús y de María, por quienes ellos y sus descendientes han recuperado la Gracia. Jesús y María son, en efecto y en el orden actual de las cosas, los primeros en la intención divina y las verdaderas cabezas de la humanidad”[7].

CRISTO ES REY

Por tanto, Jesucristo es Rey.
“No hay —escribe Monseñor Pie— ni un profeta, ni un evangelista, ni uno de los apóstoles que no le asegure su cualidad y sus atribuciones de rey”.
Un niño nos ha nacido y un hijo nos ha sido dado”, escribe Isaías en su visión profética. “El imperio ha sido asentado sobre sus hombros…” Daniel es aún más explícito: “Yo les miraba en las visiones de la noche y he aquí, sobre las nubes, vino como un Hijo de hombre; él avanzó hasta el anciano y le condujeron ante él. Y éste le dio el poder, gloria y reinado, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su dominación es una dominación eterna que no acabará nunca y su reino no será nunca destruido…”.
Pero en este sentido podría invocarse toda la Sagrada Escritura y la tradición toda. La unanimidad es absoluta.
Príncipe de los reyes de la tierra” le llama San Juan en el Apocalipsis y sobre sus vestiduras como sobre Él mismo, pudo leer el apóstol: “Rey de los reyes y Señor de los señores”.

CRISTO ES REY UNIVERSAL

Por tanto, Jesucristo es Rey.
Rey por derecho de nacimiento eterno, puesto que es Dios…
Rey por derecho de conquista, de redención, de rescate.
Y esta realeza se comprende que es universal. Nada, en efecto, puede ser más universal, más absoluto que esta realeza, puesto que Cristo es, Él mismo, el principio y el fin de toda la Creación.
Para que no quepa duda alguna, no obstante, Nuestro Señor se cuidó de precisar: “Omnia potestas data es mihi in coelo et in terra”. “Todo poder me ha sido dado en el cielo y la tierra”.
En el cielo y en la tierra…, que es como decir: en el orden sobrenatural y en el orden natural.
“Ahí está efectivamente, escribe Monseñor Pie, el nudo de la cuestión… No olvidemos ni permitamos que se olvide lo que nos enseña el gran Apóstol: que Jesucristo después de haber descendido de los cielos, ha ascendido a ellos, a fin de cumplir todas las cosas: ut impleret omnia. No se trata de su presencia en cuanto Dios, puesto que esta presencia ha existido siempre, sino de su presencia como Dios y hombre a la vez. De hecho, Jesucristo se halla, desde entonces, presente en todo, así en la tierra como en el cielo; llena el mundo con su nombre, su ley, su luz, su gracia. Nada existe fuera de su esfera de atracción o de repulsión; ninguna cosa, ninguna persona, pueden serle del todo extrañas e indiferentes: se está con Él o contra Él; ha sido colocado como piedra angular; piedra de edificación para unos, piedra de tropiezo y de escándalo para otros, piedra de toque para todos. La historia de la humanidad, la historia de las naciones, la historia de la paz y de la guerra, la historia de la Iglesia sobre todo, no es sino la historia de Jesús que todo lo colma: ut impleret omnia[8].
“Ni en su persona, ni en el ejercicio de sus derechos, puede ser Jesucristo dividido, disuelto, fragmentado; en Él, la distinción de las naturalezas y de las operaciones no puede ser jamás la separación, la oposición; lo divino no puede repugnar a lo humano, ni lo humano a lo divino. Al contrario, Él es la paz, la aproximación, la reconciliación; es el engarce que de dos cosas hace una… Por eso San Juan nos dice: ‘Todo espíritu que disuelve a Jesucristo no es de Dios, sino que es justamente ese anticristo de quien habéis oído que está para llegar y que al presente se halla ya en el mundo…’ Así, cuando yo oigo, concluye Monseñor Pie, ciertos rumores que crecen, ciertos aforismos que prevalecen de día en día y que introducen en el corazón de las sociedades, el disolvente bajo la acción del cual debe perecer el mundo, lanzo este grito de alarma: guardaos del anticristo”[9].

CRISTO ES REY TODOPODEROSO

Sí, todo poder ha sido dado a Cristo en el cielo y en la tierra.
Esta verdad está en la base misma del catolicismo.
La encontraremos en las epístolas y los discursos de San Pablo. La volvemos a encontrar, subyacente en toda la enseñanza de San Pablo. Su fórmula “non est potesta nisi a Deo”, no es, en el fondo, otra cosa que la expresión de la misma idea, de una más particular.
Jesucristo a pedido y su Padre le ha concedido. Todo desde entonces le ha sido entregado. Está a la cabeza y es el jefe de todo, de todo sin excepción. “En Él y rescatados por su sangre”, escribía San Pablo a los Colosenses[10], “tenemos la redención y la remisión de los pecados; que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fue creado por Él y para Él. Él es anterior a todo y todo subsiste en Él. Él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de los muertos; para que tenga la primacía sobre todas las cosas. Y plugo al Padre que en Él habitase toda la plenitud de la divinidad y por Él reconciliar consigo, pacificando por la sangre de su Cruz todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo en Jesucristo Nuestro Señor”. Tal es la enseñanza del Apóstol.
“No establezcáis, pues, en modo alguno excepción allí donde Dios no ha dejado lugar  la excepción, exclama monseñor Pie. El hombre individual y el jefe de familia, el simple ciudadano y el hombre público, los particulares y los pueblos, en una palabra, todos los elementos de este mundo terrestre, cualesquiera que sean, deben sumisión y homenaje al nombre de Jesús”.

CRISTO ES REY DE LAS NACIONES

Jesucristo rey universal… y, por tanto, rey de los reyes, rey de las naciones, rey de los pueblos, rey de las instituciones, rey de las sociedades, rey del orden político como del orden privado.
Después de lo que se acaba de decir, ¿cómo se concibe que pueda ser de otro modo?
Si Jesucristo es rey universal, ¿cómo podría esa realeza no ser también realeza sobre las instituciones, sobre el Estado: realeza social? ¿Cómo se la podría llamar universal sin ella?
Si las discusiones son tan vivas sobre este punto, es porque tocamos el terreno de aquel a quien la Escritura llama precisamente “el príncipe de este mundo”. He aquí que perseguimos al dragón hasta su último reducto, que lo acosamos donde pretende hacer su guardia… ¿qué hay de extraño que redoble la violencia escupiendo llamas y humo para intentar cegarnos?
¡Cuántos se dejan engañar!
“Hay hombres en estos tiempos, observaba monseñor Pie, que no aceptan y otros que sólo aceptan a duras penas los juicios y decisiones de la Iglesia… ¿Cómo dar el valor de dogma (dicen o piensan) a enseñanzas que datan del “Syllabus” o de los preámbulos de la primera constitución del [primer concilio] Vaticano?
”Tranquilizaos, responde el obispo de Poitiers, las doctrinas del “Syllabus” y del Vaticano son tan antiguas como la doctrina de los apóstoles, de las Escrituras… A quienes se obstinan en negar la autoridad social del cristianismo, San Gregorio Magno da la respuesta[11]. En el comentario del Evangelio en que se cuenta la adoración de los Magos… al explicar el misterio de los dones ofrecidos a Jesús por estos representantes de la gentilidad, el santo doctor se expresa en estos términos:
”Los Magos —dice— reconocen en Jesús la triple cualidad de Dios, de hombre y de rey. Ofrecen al rey oro, al Dios incienso, al hombre mirra. Ahora bien —prosigue—, hay algunos heréticos: sunt vero nonnulli hoeretici, que creen que Jesús es Dios, que creen igualmente que Jesús es hombre, pero que se niegan en absoluto a creer que su reino se extiende por todas partes: sunt vero nonnulli hoeretici, qui hunc Deum credunt, sed ubique regnare nequanquam credunt.
”Hermano mío, continúa monseñor Pie, dices que tienes la conciencia en paz, y al aceptar el programa del catolicismo liberal, crees permanecer en la ortodoxia, ya que crees firmemente en la divinidad y humanidad de Jesucristo, lo que basta para considerar tu cristianismo inatacable. Desengañaos. Desde el tiempo de San Gregorio, había ‘algunos heréticos’ que, como tú, creían en esos dos puntos: pero su herejía consistía en no querer reconocer en el Dios hecho hombre una realeza que se extiende a todo… No, no eres irreprochable en tu fe, y el Papa San Gregorio, más enérgico que el “Syllabus”, te inflige la nota de herejía, si eres de los que considerando un deber ofrecer a Jesús el incienso, no quieren añadirle el oro…”[12], es decir, reconocer y proclamar su realeza social.
Y, en nuestros días, Pío XI, con particular insistencia ha querido recordar al mundo la misma doctrina en dos encíclicas especialmente escritas sobre este tema: Ubi arcano Dei y Quas primas.
Esta es, pues, la enseñanza eterna de la Iglesia, y no una determinada prescripción de detalle, limitada a una sola época. En los comienzos de la era cristiana, como más tarde, lo relativo a la conducta ha podido venir a mezclarse con lo relativo a los principios. “Pero el derecho, señala monseñor Pie[13], el principio del estado cristiano, del príncipe cristiano, de la ley cristiana, que yo sepa jamás han sido discutidos hasta estos últimos tiempos, ni escuela católica alguna pudo nunca entrever en su destrucción un progreso y un perfeccionamiento de la sociedad humana…”, como hoy se oye repetir tantas veces.
Jean Ousset: Para que Él reine


[1] Comienzo del evangelio de San Juan.
[2] Dom Paul Delatte, Les êpitres de saint Paul, t. II, p. 288.
[3] Dom Paul Delatte, ídem, p. 287.
[4] Ídem, p. 287-8.
[5] … quiere, ante todo, el fin, en el orden de la intención. El enfermo quiere, en primer lugar, curarse: tal es su intención. Para esto tomará la medicina… “Finis primun in intentione, ultimátum in executione”. “El fin primero en el orden de la intención, es el último en el orden de la realización”.
[6] San Francisco de Sales…: Dios “eligió crear a los hombres y a los ángeles como para acompañar a su Hijo, participar de sus gracias y de su gloria y adorarle y alabarle eternamente” (Traité de l’Amour de Dieu, t. II, cap. IV, p. 100).
[7] René Marie de la Broise, “Etudes” de los Padres jesuitas, t. LXXIX, 301.
[8] Op. cit., t. V, p. 166.
[9] Card. Pie, Œuvres, t. IV, p. 588 (cit. San Juan: 1 epístola, IV, 3).
[10] Epístola de San Pablo a los Colosenses, I, 12-20… Epístola de la Fiesta de Cristo Rey.
[11] Excelente ocasión para destacar cuán perfectamente ilustra este pasaje la doctrina de Pío XII enHumani generis. “Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan, de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los romanos pontífices no ejercen en ellas la suprema potestad de su magisterio. Pues son enseñanzas del magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y, la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las encíclicas pertenece —por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica…”.
[12] Op. cit., t. VIII, p. 62 y 63.
[13] Op. cit., t. V, p. 179-180.

25 de octubre de 2014

VERDADERO CUERPO NACIDO DE MARÍA VIRGEN


Ave verum corpus natum de Maria virgine; Vere passum, immolatum in cruce pro homine.
Cujus latus perforatum fluxit aqua et sanguine.
Esto nobis praegustatum mortis examine.
O Iesu dulcis, O Iesu pie,
O Iesu, fili Mariae


Salve verdadero Cuerpo nacido de María virgen, verdaderamente atormentado e inmolado en la cruz por el hombre.
De su costado traspasado vertió agua y sangre.
Haz que te gustemos en el trance de la muerte.
Oh Jesús dulce, Oh Jesús piadoso,
Oh Jesús, Hijo de María!

"POPULUS SUMMORUM PONTIFICUM"

SANTO EJERCICIO DEL VIA CRUCIS EN EL PALATINO






"POPULUS SUMMORUM PONTIFICUM"


Han comenzado en Roma los actos de la Peregrinación Internacional "Populus Summorum Pontificum" a la que los miembros de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina nos unimos espiritualmente  y cuyas intenciones hacemos nuestras implorando a la Virgen Santísima su Auxilio maternal  y su protección sobre la Iglesia, el Papa y la extensión del reino de Cristo hasta los confines de la tierra.

VÍSPERAS PONTIFICALES EN LA FORMA EXTRAORDINARIA


Las Vísperas fueron presididas por el Arzobispo Monseñor Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, en la Iglesia de la Santísima Trinidad.






23 de octubre de 2014

ACUDIR AL APÓSTOL SAN PEDRO



Ya que en la piedra inmortal de tu nombre
quiso el Señor afirmar nuestra vida
y edificar con su mano escondida
la verdadera morada del hombre; 

Ya que tan sólo las llaves seguras
que Jesucristo te puso en las manos
pueden abrir a los seres humanos
la bendición de las puertas más puras;

Ya que tu barca es el único leño
que en el naufragio de todas las cosas
flota feliz en las aguas furiosas
para salvar a las almas sin dueño;

Ya que en las olas que el mundo levanta
sobre el dolor de la humana conciencia
sólo es posible esperar con paciencia
en la virtud de tu red sacrosanta;

Pídele a Dios que nos dé con tu llanto
la contrición con que hollaste a la muerte,
antes que el gallo final nos despierte
con el reproche sin fin de su canto;

Que con tu fe que ante nadie se arredra
nos asegure en la tierra cambiante
para que nuestra virtud se levante
con la firmeza de un muro de piedra;

Que nos dispute al abismo del mundo
con el afán de tu red milagrosa
y que en la paz de tu barca gloriosa
tenga lugar nuestro amor vagabundo;

Que nos infunda tu inmensa esperanza
y tu confianza robusta y sencilla
para buscar en tu barca la orilla
que solamente a su bordo se alcanza;

Y que tu barca segura y certera
siga en la noche el mejor derrotero
para llegar por el mar traicionero
a la ribera en que Dios nos espera.
Francisco Luis Bernárdez: